2009 ha sido el año en el que sucedió mi "última vuelta de tuerca". Las vueltas de tuerca son tan necesarias que aunque duelan, cuando pasa la primera sensación de desgarro de algo dentro de mí, ese dolor se convierte en entusiasmo por la vida que me espera.
En 2009 he crecido un poco más. Aunque siga midiendo 155 centímetros yo sé que he crecido, puedo sentirlo claramente en mi cabeza y en mi alma.
He descubierto que padezco un síndrome, que aun pareciendo insignificante y teniendo cura, me estaba destrozando emocionalmente al no saber de su existencia. En 2009 me he puesto manos a la obra para comprenderme y quererme de la forma más sincera que jamás haya existido. Como no voy a considerar importante este año 2009...
El año ha pasado rapidísimo, dicen los más mayores que "cada vez pasan a mayor velocidad" ... Han pasado días de frio intenso, en los que el mejor momento era cuando me metía en la cama acurrucándome al lado de mi chico, hundiendo mi cabeza en su pecho, respirándole, sintiéndome a salvo de todos los males; días de calor sofocante, en los que la playa y la cerveza eran los mejores remedios para aplacar el agobio. Hubo días con lágrimas, como cuando tuve a mi abuelita enferma en el hospital. Y días de gran alegría cuando vi que salía de allí; aunque era una alegría teñida con una pizca de amargura al ver que habría de resignarse a seguir viviendo en silla de ruedas.
Hubo un día en este 2009 que volví a cumplir años (afortunadamente...), y como me sucede cada año, tuve que reflexionar ante la nueva cifra que me tocaba estrenar. Se aproximan los 40, eso será en 2014.
He conseguido cambiar hábitos en mi comportamiento que me hacían padecer sin yo saber que me amargaban tantísimo, estoy aprendiendo a ser un pelín egoísta. Ese puntito que no hace daño a nadie, pero que hace tanto bien a uno mismo...
Cuando llegue el 31 de este mes a las 12 de la noche, y hagamos el cambio de año, despediré uno de los años más importantes de los que he vivido hasta la fecha.